Aunque últimamente, y supongo que debido a la crisis, las empresas han priorizado sus campañas y la RSC no parece estar tan en boga o al menos no lo suficiente para ganar puntos antes sus accionistas, ésta sigue avanzando con el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible al incluir dos artículos sobre RS: uno con objeto de promover la RS en la empresa pública y otro relativo a la constitución del Observatorio de RS en el Consejo Estatal de la RSE. Y en sí es una buena noticia pero también negativa porque se han dejado fuera una oportunidad de oro para promover las ISR y alcanzar niveles anglosajones. De momento vemos cómo se reducen los fondos que se gestionan bajo los criterios de ISR sin que exista un empuje desde ningún organismo.
Pero en este post vamos a hacer un poco de historia para conocer más de cerca la responsabilidad social e intentar aclararlo un poco sobre todo con el objeto de quitarle la etiqueta de MODA PASAJERA.
Los términos de Responsabilidad Social Corporativa, Empresarial u Organizacional se han manejado con bastante asiduidad en los últimos 20 años, pero realmente es un concepto que se remonta hace ya 2 siglos. Según la bibliografía existente, se puede considerar sus antecedentes en el s. XIX en el marco del cooperativismo y el asociacionismo que buscaban conciliar eficacia empresarial con principios sociales de democracia, autoayuda, apoyo a la comunidad y justicia distributiva. Tradicionalmente se ha considerado que la responsabilidad social de las empresas termina con la producción de bienes o servicios y la generación de utilidades para las compañías.
Particularmente, me gusta mucho una cita de Adam Smith (“La riqueza de las naciones” de 1776) que dice “No es por la benevolencia del panadero, el carnicero o el cervecero por lo que podemos esperar nuestra cena, sino gracias a su preocupación por su propio interés”, que bien podría resumir la esencia de la responsabilidad social de hoy en día. Otra cosa sería la pura filantropía.
De hecho para hablar de la evolución de la responsabilidad social, se distinguen 3 fases que identifican 3 épocas de la sociedad americana que corresponden a distintas coyunturas económicas y que provocan movimientos como la mencionada filantropía o conciencia social.
- Primera fase: En 1889, en los Estados Unidos, Andrew Carnegie publicó el ensayo titulado El Evangelio de la Riqueza. En él, Carnegie propone una definición de responsabilidad social basada en dos principios: Primero, el principio de caridad que consiste en que los miembros más afortunados de la sociedad tienen la obligación de ayudar a los menos afortunados; y segundo, el principio de la gestión o tutoría, consistente en que las personas adineradas deben resguardar la riqueza y la propiedad pública. Este ensayo contribuyó a aumentar el interés de los empresarios y gerentes en la responsabilidad social. Sin embargo, estos esfuerzos filantrópicos preservaron el statu quo por muchos años y protegieron a algunas compañías de las presiones sociales.
Tuvo tanta relevancia el ensayo que en el año 2006 Robert J. Shiller, profesor de Economía en la Universidad de Yale, cofundador y economista principal de MacroMarkets LLC, escribía el artículo “El Evangelio según Gates” en el que relata como Bill Gates anunció que haría lo que recomendaba Carnegie: en dos años, cambiaría sus prioridades para dedicarse de lleno a la Fundación Bill y Melinda Gates, que fundó junto con su esposa. En el artículo, el profesor Shiller define a Bill Gates como una figura polémica, y que pocos cuestionan su inteligencia. Aún así, opina, que mientras la teoría de Carnegie tiene cierto sentido (razón por la cual su ensayo es tan bien recordado más de un siglo después), no resulta obvio que estuviera acertado al creer que las personas de negocios exitosas son los mejores administradores de las fundaciones benéficas. Rasgos útiles en los negocios, como la agresividad o la astucia política, podrían ser poco apropiados para la filantropía. De la misma manera, administrar una fundación bien puede requerir estudiar los problemas sociales o las artes y las ciencias –actividades que tal vez no concuerden con las inclinaciones y talentos de ex capitalistas. Finaliza el artículo dando cifras de la filantropía en EEUU: según el Proyecto Comparativo del Sector Sin Fines de Lucro (Comparative Nonprofit Sector Project) de la Universidad Johns Hopkins, encabezado por Lester Salamon, Estados Unidos lidera a los principales países en cuanto a aportes privados a organizaciones sin fines de lucro. Dejando de lado las donaciones a las iglesias, estas contribuciones representan el 1% del PBI en Estados Unidos. Sin embargo, el 1% del PBI sigue sin ser una cifra muy importante, y la Fundación Gates, con unos 60.000 millones de dólares representa una porción sustancial del total, pero para el autor todavía no deberíamos considerar su ejemplo como una reivindicación de “El Evangelio de la Riqueza”.
2. Segunda fase: En los años 50 y 60 se da un interés voluntario a los problemas sociales por parte del sector empresarial, principalmente en los Estados Unidos debido al desorden social que sufren. Fue un momento en el que el Gobierno y el sector privado, cada uno por su lado, buscaron soluciones y apoyaron las iniciativas sociales que surgieron.
Es en esta segunda fase de la Responsabilidad Social cuando la sociedad llega a tener conciencia del potencial del sector empresarial para influir en los problemas sociales reconociendo al sector privado no sólo la capacidad de producir bienes sino también efectos secundarios perjudiciales al medio ambiente y a la ciudadanía.
3. La tercera fase, que en EEUU se sitúa en los años 70, constituye un período caracterizado por el empeño de encontrar un método eficaz para hacer frente al cambio social existente en el que colaboran Gobierno, empresas y entidades sin ánimo de lucro.
A partir de la década de los 70, se comienza a acuñar el término de Responsabilidad Social y aparecen corrientes encontradas de las cuales los máximos exponentes son los siguientes:
Milton Friedman que publicó en esos años su famoso artículo en The New York Times que tal y como resume J. Garralda “cuando el directivo realiza acciones filantrópicas con los recursos de la empresa está actuando en contra del espíritu de su contrato con los propietarios e ineficientemente desde el punto de vista macroeconómico de la asignación de recursos”. Según Garralda, este máximo exponente de la Teoría Liberal, ha sido muchas veces mal interpretado por quedar reducido su profundo pensamiento a varias frases célebres como “el objetivo de la empresa es la maximización del valor para el accionista” o “la única responsabilidad moral de la empresa es ganar dinero, cuanto más mejor”. Si bien lo que Friedman critica no es la filantropía del individuo sino la apropiación por parte del directivo de la empresa de esta tarea filantrópica con recursos de la empresa.
En el contexto liberal americano, E.M. Porter defiende la filantropía de la empresa pero con una serie de precisiones. Considera que la filantropía de la empresa puede mejorar el contexto competitivo donde se desenvuelve y, por tanto, le puede ser estratégicamente rentable la aplicación de ciertos recursos a mejoras del bienestar colectivo.
Peter F. Drucker afirmaba “Esto -se refiere a los cambios recientes (¡en 1954!) que ya entonces aumentaron grandemente el tamaño, la importancia y el impacto de las organizaciones- sin embargo, impone a los negocios y a sus directivos una responsabilidad que no sólo va mucho más allá que cualquier responsabilidad tradicional de la propiedad privada, sino que es completamente diferente. Ya no se puede basar en la hipótesis de que el interés propio del propietario conducirá al bien común, o que el interés propio y el bien común pueden separarse y considerar que no tienen nada que ver uno con otro. Por el contrario, precisa que el directivo asuma su responsabilidad por el bien común, que subordine sus acciones a un estándar ético de conducta, y que contenga su interés propio y su autoridad cuando su ejercicio pueda infringir el bienestar general y la libertad del individuo.”
Otros importantes autores, también en una posición intermedia, como T.J. Watson constatan la existencia de una cuarta fuerza en las relaciones Empresa-Trabajadores-Estado, que vendría constituida por la sociedad en general y cuya influencia se plasma de forma creciente en las leyes y en las actuaciones de los diferentes participantes sociales. Por este motivo y pensando en su propio interés, la empresa deberá reconocer y aceptar la existencia de derechos y exigencias de distintos partícipes sociales, tales como consumidores, ecologistas etc.
Thomas J. WATSON (1874- 1956) es el autor de la célebre frase “Nadie nunca ha sido despedido por comprar un IBM”. Watson estuvo en la compañía IBM desde 1914 hasta 1956, período en el que la compañía creció gracias a los incentivos sobre las ventas. También impulsó el espíritu de la compañía con equipos de deporte entre empleados, salidas familiares, etc. Y cuidó de sus empleados siendo IBM una de las primeras compañías que dio en 1934 seguros de vida, beneficios por superávit en 1935 y empezó a pagar las vacaciones en 1936.
En el otro extremo, nos encontramos con K. Andrews quien define la Responsabilidad Social como “un compromiso inteligente y objetivo por el bienestar de la sociedad que reprime en el comportamiento individual y de la empresa toda la actividad destructiva, aunque sea económicamente muy beneficiosa y que la encauza hacia contribuciones positivas para la mejora del hombre.
Y a Davis y Blomstrom que propusieron la ley de hierro de la responsabilidad social que dice “a largo plazo, aquellos que no utilicen el poder de tal forma que la sociedad los considere responsables, tenderán a perderlo”.
Según A.B. Carroll, la Responsabilidad Social de la empresa se compone entre otras de una responsabilidad ética que supone actuar consistentemente con las expectativas de la moral de la sociedad y de las normas éticas, reconocer y respetar las nuevas normas morales adoptadas por la sociedad, evitar comprometer las normas éticas por alcanzar objetivos corporativos y reconocer que la integridad empresarial y el comportamiento ético va más allá del mero cumplimiento de las leyes y de las regulaciones.
El economista A.B. Carroll en un artículo fundamental para el desarrollo de las teorías sobre las responsabilidades empresariales, diferenciaba entre las responsabilidades económico-legales (rol económico) y responsabilidades ético-filantrópicas (rol social) frente a la corriente de algunos autores que sostienen que la responsabilidad de una empresa es con sus accionistas y por lo tanto, defiende que el rol económico (la elaboración de buenos productos y la generación de beneficios) es la única responsabilidad que tienen las empresas.
En 1.991 desarrolló la Teoría de la Pirámide que plantea cuatro clases de responsabilidades sociales de las empresas, vistas como una pirámide. Hay responsabilidades que se encuentran en el fondo de la pirámide y que son, por tanto, la base sobre la que se apoya otro tipo de responsabilidades.
Las cuatro clases son: económicas, legales, éticas y filantrópicas.

La demostración y la posición privilegiada de la responsabilidad económica se percibe en la construcción de la pirámide, señalando que los “beneficios económicos son el motivo primario que incentiva el negocio”. De acuerdo con la teoría de la pirámide, la Responsabilidad Social implica el cumplimiento simultáneo de las responsabilidades económica, legal, ética y filantrópica. En otras palabras, la Responsabilidad Social debe llevar a la empresa a obtener ganancias, obedecer la ley, ser ética y comportarse como un buen ciudadano corporativo.
En oposición a la visión de la organización orientada a sus accionistas, R.E. Freeman propone la teoría de la organización orientada a sus diferentes públicos. El prof. R. Edward Freeman nació en 1951 en Columbus, Georgia. Es licenciado en Matemáticas y Filosofía por la Duke University, Durham –Carolina del Norte– y es doctor en Filosofía por la Graduate School of Arts and Sciences, de la Washington University, en San Luis, Missouri. Freeman publica “Strategic Management: A Stakeholder Approach” en 1984, libro con el que será galadornado y mediante el cual se dará a conocer por su teoría de gestión de stakeholders. Este libro hace una propuesta innovadora – en el momento de su publicación – que sugiere que el éxito de los negocios y las empresas debe construirse entorno a su relación con los grupos de interés clave (demanda, intereses, toma de decisiones, etc.). El profesor José Luís Fernández , Director de la Cátedra Javier Benjumea (Focus-Abengoa) de Ética Económica y Empresarial, invistió doctor honoris causa por la Universidad de Comillas al profesor Freeman en diciembre de 2008.
Esta teoría se basa en que las empresas no sólo tienen obligación de satisfacer los intereses de sus accionistas, sino también las expectativas de los diferentes públicos que tienen intereses en ellas y que son vitales para la supervivencia y desarrollo de las empresas, como por ejemplo los empleados, clientes, consumidores, proveedores, comunidad local, el medio ambiente, los gremios, las universidades y el gobierno.

En resumen, desde el s. XIX aparecen autores que reclaman en mayor o menor medida la responsabilidad de la empresa. Pero es en la última década del s. XX donde empieza a aflorar el concepto tal y como lo entendemos actualmente, RSC/RSE.
Y de todas estas acepciones y definiciones, me sigo quedando con la de Adam Smith. ¡¡Ay Andrés te quiero por el interés¡¡